Masaje Reductor Manual (MRM)

¿Qué es el masaje reductor?

El masaje reductor es una técnica de masaje que se utiliza en belleza para estimular la pérdida de volumen general. Pero sobretodo en esas zonas localizadas en las que se suele acumular en forma de “michelín” y que, aunque se adelgaza, se mantienen siempre un poco más gruesas. También ayuda a paliar otro problema un tanto resistente como es la celulitis. De modo que la función principal del masaje reductor es la de esculpir el cuerpo.

 

Cómo funciona

Los masajes reductores funcionan a través de la presión manual sobre los tejidos grasos que se van liberando de la adherencia al resto de tejidos como el conjuntivo o a la musculatura.

Los diferentes pases (movimientos del masaje) movilizan estas grasas estimulando el sistema linfático (encargado de eliminar toxinas) y el sanguíneo.

Además ayudan a movilizar los líquidos del cuerpo eliminando las retenciones que también producen un aumento de volumen.

Todo esto también hace que el masaje reductor esté indicado para eliminar la celulitis y para mejorar el aspecto general de la piel, ya que al mejorar la circulación linfática y sanguínea se eliminan toxinas por un lado y entran más nutrientes y oxígeno por el otro.

 

Propiedades del masaje reductor

Tiene más beneficios que los de esculpir el cuerpo y aporta ventajas tanto a nivel de belleza como de salud:

  • Tonifica y combate la flacidez.
  • Mejora la circulación sanguínea.
  • Reduce la celulitis.
  • Ayuda con el estreñimiento
  • Mejora la textura de la piel.
  • Estimula el sistema linfático eliminando toxinas

 

Cómo es una sesión de masaje reductor

No difiere de la mayoría de sesiones de masaje. Se tenderá sobre una camilla cubierta con una toalla, menos las zonas que se vayan a tratar. En vez de aceite de masaje se le aplicará alguna crema reductora caliente o fría que potencie el trabajo de esculpir la figura.

El masaje reductor es un poco intenso y se empieza de menos a más pudiendo ser incómodo o molesto en algunos casos. Las sesiones suelen ser diarias, durante cuatro semanas consecutivas y con una duración de 30 minutos a algo más de una hora, incluso dos, según la cantidad de zonas a tratar y la dificultad del paciente.